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dias de humo y palabras

Hoy, mientras estaba en la caravana camino del trabajo, me debatía en una lucha interna de intenciones y moralismos, debatía conmigo mismo el secundar o no la huelga general, en un momento en el que era ya demasiado tarde. Desgraciadamente la lucha interior entre la moralidad y el deber ya no tenía sentido y necesitaba saber si la decisión tomada, sin reflexionar lo suficiente, era la correcta o no.

Desde primera hora de la mañana sentía como me recorría el cuerpo una sensación que me decía que algo no estaba bien en mi conciencia, por un lado estaba la responsabilidad para con la empresa, era un modo de agradecer todo lo que ha hecho ella por mi (formación, estabilidad laboral, reconocimiento personal…), porque no todas las empresas son los ogros como los pintan, también estaba mi descontento con los sindicatos, en los últimos años hemos visto como han sido comparsas, marionetas manejadas por el gobierno a su antojo y como éstos a su vez intentaban manejar a los trabajadores. No parecía que la huelga llegase en el momento más oportuno y ha quedado bastante oportunista su convocatoria ante una reforma que no es más que otro desplante del gobierno ante los asalariados.

Por otro lado estaba mis ideales, siempre he apoyado la lucha en la calle, la única lucha útil que tiene el trabajador para defender sus derechos, siempre he estado ahí, afiliado a partidos políticos, a sindicatos, formando parte de la lucha activa, siempre he transnochado pegando carteles, escribiendo, imprimiendo y repartiendo panfletos, animando a la gente a que luchara por lo suyo y por los suyos, defendiendo la dignidad obrera, asistiendo a manifestaciones, gritando como el que más… pero esta vez había algo que no me llenaba, que no me convencía, no sentía el deber de luchar, como si me pillara todo de nuevas.

Según transcurrían las horas me iba dando cuenta que no estaba en el sitio donde debía estar, no podía dejar de leer los periódicos para saber como iban las cosas, intentaba escuchar la radio para conocer cifras, opiniones, impresiones… No estaba agusto, sentía que estaba obviando un derecho que ha costado tanto conseguir pero sobre todo que estaba fallando a los mios, a los obreros… Me irritaba que me dijeran lo que yo ya sabía, que no estaba bien, pero imagino que a nadie le gusta que le digan lo que tiene que hacer, y más sabiendo que no está actuando correctamente.

Quizá el peor momento fue al llegar a casa, con la certeza de que la había cagado, pongo la televisión. Después de todo el día solo leyendo elpais.com (publico.es estaba cerrado por huelga) no me hacía la idea de la que se estaba montando en España, la gente peleaba literalmente en las calles, la policía cargaba, los manifestantes iban al hospital y volvían a su puesto de protesta como si nada hubiera pasado…y eso para defender unos derechos que son de todos, suyos, tuyos, mios…por mi… estaban luchando por mi… que triste es darse cuenta cuando ya nada puedes hacer. Después llegó la manifestación, una imagen vivida mil y una vez en mis carnes, y el sentimiento de culpa, aunque parecía dificil, se hizo más grande. Miraba de reojo la bandera de la república que ondea en mi cuarto, mi bandera del PCE, de nuevo no estás donde debes estar. Veia a toda esa gente que coreaba a voz en grito que NO! QUE NO QUERÍAN REFORMA LABORAL! QUE NO IBAN A TOLERAR QUE PISASEN SUS DERECHOS! y pensaba que esa, esa es la gente que de veras merece la pena, recordé lo que alguien escribió esta mañana “ojala la reforma se les aplique a los que han fichado esta mañana”, cuanta razón… ojala…

Ya no sirve de nada lamentarse, me iré a la cama con la última impresión, siento verguenza por mi decisión, por no haberme implicado más antes y por no haber sopesado mi decisión con el tiempo y la frialdad que se merecía. Tengo la necesidad de pedir perdón, en primer lugar a aquellos que con su esfuerzo y su lucha han logrado que yo ahora goce de unas condiciones laborales que son la envidia de buena parte del mundo, perdón a los que me inculcaron la conciencia social que me suponía, perdón a todos los que hoy han protestado para defender lo mio y pedón a mi mismo porque me he fallado. Desde estas líneas prometo (y los que me conocen saben que yo no prometo en vano) que no volveré a fallaros.